Como quien se deja mecer por las aguas de un río incesante, a través de los poemas de este libro de Alexánder Shúrbanov vamos sintiendo el pulso de un mundo compartido; el de los árboles que nos hablan con «infinitos labios verdes», el de nuestras sociedades, donde caben la miseria y las desigualdades, los monstruos, la explotación de la naturaleza y la desgarradora separación que a veces ocurre entre «la libertad y el pan». Sobre las raíces de este mundo, dice el poeta, pusimos la rueda.
Pero hay un torrente de optimismo también en este poemario, un gran poso de humor y de amor hacia todo lo que existe. En muchos poemas, a través de lo narrativo el autor nos ofrece un estallido de poesía, hace universal la anécdota y nos recuerda, con la sabiduría de la humildad, el lugar que ocupamos en «este inmenso mundo». Con este Amago de sonrisa, Alexánder Shúrbanov nos da la posibilidad de «cerrar la herida que trata de cicatrizar».
Belén Terriente Ballesteros
Detalles
| Autor Diseño Traducción PVP Género Colección Número de páginas Tamaño ISBN | Alexánder Shúrbanov María Vera Avellaneda Marco Vidal González 16,95 € Poesía Bulgaria: poesía actual 132 14,8 x 21 cms 978-84-127697-3-9 |
Autor
Tendría unos diez años cuando empecé a escribir. Sin ningún estímulo externo, si no se cuenta que pasaba mis vacaciones de verano en el huerto de mi tío en la costa, trepando por las moreras, explorando entre los arbustos, descalzo día y noche, con arañazos y embarrado, mientras las vistas, los aromas y las voces de una naturaleza ajena a las limitaciones de la ciudad me hechizaban continuamente. Ya entonces la naturaleza se adentraría profundamente en mis versos y desde aquel instante nunca los ha abandonado. Más tarde vendría la lectura: Debeliánov, Pushkin, Heine… En el instituto, aunque de forma breve, me conquistaría Mayakovski, quien me empujó al presente e hizo que en mi sangre despertaran otros ritmos más inquietos. Pero conforme iba madurando, comencé a apreciar los poetas angloparlantes Frost, Lowell, Auden, el tardío Yeats… Y, sobre todo, William Carlos Williams, ese poeta único que no tuvo un igual, que hallaría la poesía solo en lo más profundo, protegiéndose tanto del diablo como de las imaginerías poéticas. Bueno, hubo otros poetas que, mediante traducciones, lograron entrar en mi habitación y mi alma, permaneciendo por mucho tiempo: Rilke, Kaváfis, Quasimodo. Y entre los búlgaros, sobre todo Atanás Dálchev. Hace tiempo que pienso que estoy solo, pero sus voces siguen en mí como las voces de los padres permanecen en uno hasta el final.
Alexánder Shúrbanov
La tortuga
Aquel que es capaz de apartar los sentidos de los objetos, tal como la sabia tortuga esconde sus extremidades en su caparazón, para protegerse del mundo que no para de atacarla, dispone de la sabiduría.
Dice el dios Krishna en el poema épico clásico Bhagavad-gītā.
Cuando mis hijos eran pequeños no pasaba un día sin que trajeran a casa algún animalito. Una vez apareció frente a mi escritorio arrastrándose una tortuga. Durante algún tiempo conseguimos mantenerla en buenas condiciones alimentándola con plantas y lechuga, pero pronto notamos que cada vez estaba más triste y más indiferente a estos banquetes, hasta que finalmente el consejo de familia decidió devolver a nuestra invitada a su medio natural. Me metí en el coche y la conduje hasta las montañas más cercanas, donde la dejé con cuidado entre la hierba. Al principio, la tortuga se escondió en su caparazón, pero rápidamente asomó su cabecita y sus cuatro patas arrugadas y se adentró en los matorrales a paso cada vez más ligero. Le deseé buena suerte y una longeva vida de tortuga, volví al coche y, con la sensación de haber cumplido con mi deber, regresé a casa. Pero mientras conducía hacia casa, en mi interior brotó esta inesperada sabiduría que nunca llegó a ser plasmada en un poema:
El amor y el cuidado en nuestro mundo a veces traen abatimiento y muerte. Pero la libertad, aunque esté llena de peligros e incertidumbres, siempre trae vida.
Alexánder Shúrbanov

