Blanco roto

Blanco roto

Amelia Serraller

En una secuencia poética que conecta con la realidad circundante y constituye una especie de diario íntimo susceptible de comunicarse, Amelia Serraller nos regala unos versos sencillos y vitalistas que se decantan por la calle en detrimento del salón y difunden el sabio y entrañable mensaje de lo cotidiano.

Luis Alberto de Cuenca

Una ensayista que desea expresar de forma poética el mundo circundante. Surge la niña que se revela con una realidad hiriente, incitándonos a sentir. Cercana ópera prima, de Amelia Serraller.

Margarita Campos

PVP: 16,95 €

Disponible en librerías

Pedidos online: latortugabulgaraediciones@gmail.com

Detalles
Autor
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Prólogo
Fotografías
PVP
Género
Colección
Número de páginas
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ISBN
Amelia Serraller
María Vera Avellaneda
Javier Díaz Gil
Luís Viviant; Isabel Montero Garrido
16,95 €
Poesía
horizontes: poesía
84
14,8 x 21 cms
978-84-127697-2-2
Autor

Nací un gélido 4 de febrero, bajo el signo de la nieve, en el Madrid de la movida. De entonces recuerdo el Ford Fiesta azul y amarillo en el que íbamos a Donostia. Siempre fui afín a mi abuelo, Juan Calvo, que en vez de cuentos nos contaba sus andanzas soviéticas. Estudié guitarra clásica mientras copiaba los enigmáticos cuadros de la Galería Tretyakov. Viajé de Erasmus a Cracovia, recorrí la Rusia europea y Ucrania… y fui «obrera de la educación» en la Universidad de Breslavia. A mi vuelta escribí una tesis sobre Kapuściński, y traduje y pergeñé mi propia literatura. Traduciendo a Pushkin me salió mi primera cana. Más tarde, influida por Hugo Mujica y mis compañeros de la tertulia, subí a la tarima a desgranar mis propias vivencias.

Amelia Serraller

La tortuga

La tortuga es un animal lento, robusto, longevo y silencioso, en perenne contacto con la tierra. Se orientan excepcionalmente bien sin poder alzarse sobre el terreno. Son el reptil más antiguo que existe, pues se remonta al Triásico. 

La etimología de la palabra la vincula al latín tardío tartarūchus y al griego ταρταροῦχος, «habitante del Tártaro o infierno». Y es que los orientales y los antiguos cristianos creían que la tortuga, que habita en el cieno, encarnaba el mal. Y eso a pesar de su aspecto calmado y predecible. 

Protegidas por su caparazón, parecen ajenas tanto al dolor como al júbilo. En su larga vida el tiempo sin duda transcurre de forma diferente. 

Siendo estudiadas y representadas desde la Antigüedad, deparan sorpresas: como la subespecie común a Bulgaria y España que celebra esta editorial. Y es que, en el fondo, las tortugas son todo un enigma, un majestuoso y críptico misterio. 

Amelia Serraller

Prensa