Carroñeros del viejo mundo

Tea Tulić

20 €

En la novela breve Carroñeros del viejo mundo, de Tea Tulić, una hija cuenta la historia de su padre, en la que a veces aparecen Volga y Buga, dos mujeres ya muertas pero que siguen vivas en la memoria de ambos y les marcan el rumbo. Se trata de un libro melancólico sobre crecer junto a un padre que antes era un tipo carismático acosado por la vida, pero, tras decepcionarse del mundo y la virtud, ha ido perdiendo el ánimo hasta quedar reducido a una sombra de sí mismo. La narración tiene algo de cuento de hadas y a veces transpira amargura. En ella, la melancolía se alterna con situaciones cómicas y elementos tanto naturalistas como simbolistas.

Padre e hija establecen una relación de cuidado y ternura. Se alejan de su apartamento repleto de objetos y recuerdos —por eso la hija fantasea con construir una casa sin fin dentro de esa casa—; de sus traumas, antiguos y recientes; de la ciudad y de las demás personas. Se quedan solos en la barca Kalinka, rodeados del mar, de los peces y de las aves, allí donde todo es más claro y limpio, incluida la crueldad. El padre empieza a sufrir alucinaciones y, bajo su cuello, aparece una constelación de puntitos rojos. Tendrá que ir al hospital. Los años le vienen pisando los talones, se avecina una época de cambios…

Esta novela de inconfundible aire mediterráneo cuenta con delicadeza la separación del propio padre y lo que supone zarpar hacia la inmensidad de la vida sin embarcación propia ni compañero de tripulación. Sus frases nos marcan el rumbo hacia el placer de la lectura.

Kruno Lokotar, editor de la edición original croata

Detalles

Autor
Traductor
Diseño
PVP
Género
Colección
Número de páginas
Tamaño
ISBN

Tea Tulić
Marc Casals
María Vera Avellaneda
20 €
Narrativa
horizontes: narrativa
232
12 x 18 cm
979-13-87535-35-3

Autora

El filósofo serbio Radomir Konstantinović acuñó una definición muy precisa de la escritura: «Se trata de la orden de participar en la creación constante del mundo, de sentir su inagotabilidad e irreductibilidad, de aceptar de veras la vida». Me identifico por completo con sus palabras.

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Solo un ser tan longevo y paciente como la tortuga puede afrontar la colosal tarea de sostener el mundo sobre su espalda. Por eso se mueve así, pasito a pasito, lentamente pero con determinación. Como una Madre Primigenia.

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