Rafael Martín Calvo

PVP: 19 €
En este lienzo que nos brinda Rafael Martín Calvo, la cotidianidad germina en reflexión; el huerto, la repisa, una manivela, los zorros, un cerrojo, la piedra… el «día que solo busca ser suficiente». El ser humano, «lento hijo adoptivo» de la tierra, se declara incompleto ante una naturaleza perfecta que le ayuda frente a la desolación. «aunque /estar duela».
A través de una versificación muchas veces sorprendente, se aúnan en este poemario la experiencia y el devenir de las estaciones con lo surreal, la yuxtaposición de imágenes, objetos, conceptos, donde la conciencia es «funambulista» sobre una «fina línea negra que no ofrece frontera». Y así, con el lenguaje como «hondo andamiaje» y «raíz aérea», el mundo se perfila en el telar de los ojos, «donde extraviarse sacia» y es digno dedicarse «a la nada y a permanecer».
Belén Terriente Ballesteros
Detalles
Autor
Diseño
PVP
Género
Colección
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Tamaño
ISBN
Rafael Martín Calvo
María Vera Avellaneda
19 €
Poesía
horizontes: poesía
140
14,8 x 21 cm
979-13-87535-11-7
Autor
La teoría de cuerdas propone que las partículas fundamentales del universo no son elementos singulares definidos, sino minúsculas cuerdas vibrantes cuya oscilación requiere la existencia de dimensiones espaciales adicionales. Algo de esto hay en la práctica de la escritura. En ella se trascienden las dimensiones acostumbradas: los hechos, las leyes físicas, el lenguaje gastado… La escritura provoca y otorga acceso a una vibración, a un entramado de vibraciones que a fuerza de entretejerse cobra un cuerpo cambiante, un tejido abierto que se dice, que vibra para ser. Por eso y para eso escribo, como acto estético, como movimiento vital y reflejo.
La tortuga
Atravieso a paso lento un paraje balcánico: Bosnia o quizás Montenegro. Encuentro, al borde de una carretera sembrada de baches, un caparazón de tortuga. De su cuerpo no queda rastro, pero su caparazón me ofrece algo. Un alto en el camino, un descanso. Es una estructura de una simplicidad radical, un objeto que da fe de la belleza del mundo natural, de su precisión fortuita. La tortuga, lo que queda de ella, se presta a la contemplación. Es una materia inerte a la que, en ese instante, no me importa dotar de un misticismo desmedido. Porque creer y descansar son actividades fecundas.
