
PVP: 20 €
El hado —o más bien una insospechada carambola— conduce en el curso académico 1955-1956, y con tan solo dieciséis años, a un brillante estudiante de Korça (República Popular de Albania) a la prestigiosa y quinta escuela de cine más antigua del mundo, la FAMU de Praga, cuna de la Nueva Ola Checoslovaca y matrona de cineastas como Jiří Menzel, Jaromír Šofr o Miloš Forman. Mas serán las fracturas habidas poco después en el «bloque socialista» las que cercenen, en julio de 1961, la aventura checoslovaca de Piro Milkani, y le hagan regresar al redil de Enver Hoxha para convertirse, pese a todo, en el prolífico y aclamado Artista del Pueblo y cineasta de treinta y seis películas. A este inesperado sueño cumplido se ciñe, en su espléndida narración vital, el reconocido cineasta albanés Piro Milkani, porque, en su afortunado caso, lo increíble ha acabado por resultar cierto.
María Roces González
Detalles
Autor
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PVP
Género
Colección
Número de páginas
Tamaño
ISBN
Piro Milkani
María Roces González
María Vera Avellaneda
20 €
Narrativa
horizontes: narrativa
248
12 x 18 cm
979-13-87535-08-7
Autor
POR QUÉ ME AVENTURÉ A ESCRIBIRLO Y NO CONTARLO
Escribí este libro de memorias con el anhelo de legar determinados recuerdos que podrían haber sido llevados al cine, pero, sobremanera, para mostrar que la vida de cualquier ser humano es mucho más hermosa cuando está plagada de sueños, retos, deseos, coraje y amor.
La tortuga
Cuando yo era embajador de Albania en Praga, estaba un día en la cervecería de «Cocodrilo» cuando éste me pidió que le proporcionara una tortuga albanesa para su colección de animales exóticos, de ahí su mote. Ya en Albania, en la aldea de Surrel les pregunté a unos niños si había tortugas por allí. «¡Todas las que quieras!», me contestaron. Elegí, de entre siete, la más pequeña y, de vuelta a Praga, vía Budapest, la escondí cautelosamente en la valija diplomática. Se la entregué a un feliz y asombrado «Cocodrilo», ignorando entonces que las tortugas son especie protegida y no deben, por ello, abandonar su hábitat. Claro que, tanto los embajadores como mi tortuga gozamos el privilegio de la inmunidad diplomática.
