Miel con un toque de ajenjo

María Omar

XX €

Tienes ante ti la historia de tres generaciones de una misma estirpe kazaja a lo largo de un siglo. Una familia que sobrevivió a la revolución, el nacimiento de la Unión Soviética, la deskulakización, la guerra y la caída de un colosal imperio. Durante mucho tiempo solo conocimos una cara de aquellos acontecimientos, y los protagonistas siempre fueron hombres.

Este libro desvela cómo lo vivieron las mujeres. A la mayor de todas, Akbalzhan, la casaron a los dieciséis años para salvarla del hambre. ¿Qué la empujó a huir del aúl kazajo hacia lo desconocido con dos hijos pequeños? ¿Encontró el amor y la felicidad al verse entre extraños? ¿Pudo conservar en un país ajeno su identidad, su lengua, los cuentos y canciones de su madre, y legárselos a sus hijos? Y, sesenta años después, ¿qué fuerza empujó a su nieta a regresar a un Kazajistán independiente, a la patria de sus antepasados?

Detalles

Autor
Traductor
Diseño
PVP
Género
Colección
Número de páginas
Tamaño
ISBN

María Omar
Antonio Sánchez Carnicero
María Vera Avellaneda
XX €
Narrativa
horizontes: narrativa
XX
12 x 18 cm
979-13-87535-31-5

Autor

Escribí mis primeros poemas a los seis años, en el hospital. Hablaban de mi madre y de las rosas. Después seguí escribiendo muchos más y los enviaba a revistas infantiles, pero me los rechazaban. Los editores —adultos— me respondían en hojas selladas que todavía tenía que trabajar un poco más el estilo. Por eso pasé a la prosa. Si he de ser sincera, de niña solía ir a todas partes con una libreta y acosaba cariñosamente a mis familiares: les preguntaba de qué familia venían, cómo se llamaban sus antepasados, y lo anotaba todo. Escribía sobre mis sentimientos en el diario cuando perdía a mis mascotas, cuando en la adolescencia atravesaba tormentas internas, cuando me enamoraba, cuando discutía y cuando nació mi hijo. Más tarde empecé a escribir artículos para periódicos. Mi primer libro lo escribí después de la muerte de mi padre, cuando me invadió el deseo de preservar una historia familiar irrepetible. Me gusta escribir sobre vidas singulares y, muy a menudo, canalizo mis emociones a través de la escritura.

La tortuga

Tendría unos ocho años cuando mi amiga me enseñó una tortuga viva. Su padre la había cogido del río y se la había llevado a casa. La dejaron en una rueda de tractor llena de agua, en el patio de su casa del pueblo. La tortuga nadaba, nosotras le acariciábamos el áspero caparazón y las arrugadas patitas, le dábamos de comer pececillos y nos reíamos cuando abría la boca. Yo ansiaba tener una tortuga así y la buscaba por todas partes, pero nunca la encontré. No había tiendas de animales en nuestra zona.

Desde entonces llevo mucho tiempo pudiendo comprar una tortuga, pero ahora prefiero que vivan en su entorno natural. Me parece que cada tortuga es un ser antiguo y bondadoso, que calla, pero sabe mucho.

Prensa