Miel con un toque de ajenjo

María Omar

PVP: 24 €

Tienes ante ti la historia de tres generaciones de una misma estirpe kazaja a lo largo de un siglo. Una familia que sobrevivió a la revolución, el nacimiento de la Unión Soviética, la deskulakización, la guerra y la caída de un colosal imperio. Durante mucho tiempo solo conocimos una cara de aquellos acontecimientos, y los protagonistas siempre fueron hombres.

Este libro desvela cómo lo vivieron las mujeres. A la mayor de todas, Akbalzhan, la casaron a los dieciséis años para salvarla del hambre. ¿Qué la empujó a huir del aúl kazajo hacia lo desconocido con dos hijos pequeños? ¿Encontró el amor y la felicidad al verse entre extraños? ¿Pudo conservar en un país ajeno su identidad, su lengua, los cuentos y canciones de su madre, y legárselos a sus hijos? Y, sesenta años después, ¿qué fuerza empujó a su nieta a regresar a un Kazajistán independiente, a la patria de sus antepasados?

Antonio Sánchez Carnicero

Detalles

Autor
Traductor
Diseño
PVP
Género
Colección
Número de páginas
Tamaño
ISBN

María Omar
Antonio Sánchez Carnicero
María Vera Avellaneda
24 €
Narrativa
horizontes: narrativa
328
13 x 21 cm
979-13-87535-31-5

Autor

De niña, no paraba de hacerles preguntas a toda mi familia: a qué clan pertenecían, cómo se llamaban sus antepasados, y lo anotaba todo en un cuaderno. En la adolescencia empecé a escribir un diario, donde hablaba de cómo perdí a mis mascotas, mis sentimientos más profundos, mis amores y mis peleas. Y ya de adulta, comencé a escribir artículos de prensa. 

Mi primera novela la escribí tras la muerte de mi padre, cuando sentí la necesidad de preservar una historia única como la de mi familia. Me gusta escribir sobre vidas interesantes y, a menudo, canalizo mis emociones a través de la escritura.

Mi primera obra de ficción es la que ahora tienes entre tus manos…

Tortuga

Tendría unos ocho años cuando mi amiga me enseñó una tortuga viva. Su padre la había cogido del río y se la había llevado a casa. La dejaron en una rueda de tractor llena de agua, en el patio de su casa del pueblo. La tortuga nadaba, nosotras le acariciábamos el áspero caparazón y las arrugadas patitas, le dábamos de comer pececillos y nos reíamos cuando abría la boca. Yo ansiaba tener una tortuga así y la buscaba por todas partes, pero nunca la encontré. No había tiendas de animales en nuestra zona.

Desde entonces llevo mucho tiempo pudiendo comprar una tortuga, pero ahora prefiero que vivan en su entorno natural. Me parece que cada tortuga es un ser antiguo y bondadoso, que calla, pero sabe mucho.

Prensa