Patricia Nikólova

21 €
Tal vez porque era un adolescente cuando el ejército de mi país me reclutó para la Guerra de las Malvinas y precozmente aprendí a arrojar una granada, es que no lo logro imaginar cómo se percibe la guerra sólo desde la platea informativa. Tal vez porque un azar de lecturas me llevó a conocer de cerca la poesía escrita por mujeres búlgaras contemporáneas, entre las que irrumpe Patricia Nikólova, es que alcanzo a comprender algo de su herencia eslava: ella logra detonar la coraza más dura con palabras que sopesa y utiliza como proyectiles.
Al leer este libro, recordé un texto de Anna Ajmátova sobre la guerra, donde los pájaros no cantan, arde el pozo de la huerta y llega un forastero con una sola pierna a declamar que vienen tiempos de hambre y terror. Las guerras actuales son híbridas (“Acoplarse con metales/ todos los cuerpos anhelan”, presintió el poeta Miguel Hernández) y el desfile de drones en su vecina Ucrania hace parte de esta nueva realidad. Patricia Nikólova ve una granada, aquel fruto rojo (Punica granatum), considerado símbolo de muerte y resurrección en el mito de Perséfone, que late como un corazón lleno de sangre, pero también un explosivo que se lanza con la mano, donde muchos ven simplemente un valle de lágrimas.
Daniel Calabrese
Detalles
Autor
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Género
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ISBN
Patricia Nikólova
Marco Vidal González
María Vera Avellaneda
21 €
Poesía
horizontes: poesía
174
14,8 x 21 cm
979-13-87535-14-8
Autor
Antes escribía con la ilusión desesperanzada de que podría ordenar la entropía del mundo en un sistema claro de signos, algo cercano a la disposición de los átomos en el cristal. Y para obtener de la aleación energética de palabras no sólo una sensación metafísica, sino también puramente táctil.
La tortuga
Si hay una criatura en este mundo que siempre me ha impresionado es la tortuga. De apariencia lenta y perezosa, este ser imperturbable podría recorrer muchos más kilómetros (de historia, memoria, años), que el resto de entes que corren y vuelan en la fauna donde abundan ambiciosos corredores. Esta criatura colmada de infinita paciencia carga en su caparazón con otro sentido del tiempo y el espacio. Otras dimensiones del camino están inscritas en el mapa abstracto, pintado magistralmente con arcaicos patrones en su caparazón. O como dice uno de los personajes de este libro, la tortuga Jonathan:
para qué esas guerras
por coronas e imperios ajenos
para qué todo, pregunto
él ahí solo en en su caparazón –
y el tiempo retrocede
