Entendemos la traducción literaria como una forma de creación y de mediación cultural. Por ello creemos que la elección del traductor es una de las decisiones editoriales más importantes.
Nuestra prioridad es trabajar con traductores que conozcan en profundidad la lengua y la cultura de partida y que traduzcan siempre hacia su lengua materna o de adquisición temprana. Consideramos que esta es la práctica que mejor garantiza la riqueza expresiva, la naturalidad del texto y el respeto por la voz del autor, además de promover que las lenguas de escasa difusión sean estudiadas en nuestro país.
Asimismo, apostamos por la traducción directa desde la lengua original. Creemos que cada lengua encierra matices, referencias culturales y recursos estilísticos que se diluyen cuando una obra pasa por una lengua intermedia.
Por la misma razón, damos preferencia a traductores especializados en una o muy pocas lenguas. El conocimiento profundo de una tradición literaria, de su historia y de sus particularidades culturales resulta, a nuestro juicio, inseparable de una buena traducción.
No colaboramos con equipos de traducción en tándem en los que alguno de sus integrantes desconozca la lengua de partida y participe solo como redactor del texto en español. Valoramos sobremanera la revisión y el diálogo entre profesionales, pero entendemos que quien firma una traducción debe ser capaz de responder tanto del original como del texto de llegada.
Somos conscientes de que existen circunstancias excepcionales, sobre todo en el caso de lenguas muy minoritarias o con escasa tradición de estudio en España. En esos casos valoramos cada proyecto de forma individual, siempre con el objetivo de ofrecer la traducción más rigurosa y con la mayor solidez literaria posible.
También entendemos que la fidelidad a una obra no consiste en reproducir de manera mecánica sus estructuras sintácticas, sus giros o sus expresiones. Una traducción literaria no es un calco del original, sino una recreación que aspira a producir en la lengua de llegada un efecto literario equivalente.
Por ello nos alejamos tanto de la traducción demasiado literal, que convierte el español en un reflejo artificial de otra lengua, como de la adaptación y domesticación que diluyen la identidad del texto. Defendemos un equilibrio entre precisión y naturalidad: preservar la voz del autor, su ritmo y su imaginario sin renunciar a que el texto respire como literatura escrita en español.
Creemos que un buen libro —y, especialmente, un libro traducido— es siempre el resultado de un trabajo colectivo. El traductor ocupa un lugar central, pero su labor se enriquece gracias al diálogo constante con correctores y editores. Reivindicamos la figura del corrector como un profesional imprescindible, no como un mero detector de erratas, sino como un lector experto que cuestiona, propone, afina y ayuda a que el texto alcance su mejor versión. Una traducción bien pulida es siempre una traducción bien revisada.
Para nosotros, los traductores no son procesadores de lenguaje, son nuestros puntos de contacto con una cultura, una tradición literaria, una forma de ver el mundo, la sensibilidad de un autor y su idiosincrasia. Son las sondas que nos permiten explorar geografías menos accesibles, amigos con quienes compartir afinidades y lecturas. Valoramos por ello su pasión, pero también sus conocimientos y su arraigo tanto a las lenguas y los territorios que traducen como a la propia cultura a la que traducen.
Respetamos los textos, pero también a nuestros lectores. Y no se nos ocurre mejor forma de demostrarles respeto que ofrecerles traducciones de calidad en lengua castellana y no en ese sucedáneo acartonado que suele conocerse (y sufrirse) como traductés.
Algunos ejemplos de praxis traductoras que no compartimos:
No, haber estudiado una lengua extranjera de adulto en la universidad no habilita para traducir literatura hacia esa lengua.
Sí, traducimos hacia la lengua materna o de adquisición temprana porque escribir literatura exige mucho más que conocer una lengua: exige dominar de forma intuitiva los registros, matices y recursos expresivos de la lengua de llegada, algo que solo alguien que ha adquirido la lengua a una edad temprana puede conocer a la perfección.
No, una traducción indirecta —declarada, no declarada o maquillada como «cotraducción»— no deja de ser una traducción indirecta.
Sí, traducimos directamente desde la lengua original. Solo contemplamos excepciones cuando la naturaleza del proyecto lo justifica.
No, trabajar con una persona que domina la lengua de partida y otra que solo (re)escribe el texto en español no es una cotraducción: es dividir en dos una competencia que debería reunir un solo traductor.
Sí, entendemos la revisión, el asesoramiento lingüístico y el trabajo editorial como herramientas valiosas, pero no como sustitutos del conocimiento directo de la lengua original.
No, la proximidad entre dos lenguas no convierte a un traductor de una de ellas en traductor de la otra.
Sí, cada lengua posee su historia, su literatura, sus registros, sus referencias culturales y sus trampas. El infierno traductor está lleno de buenas intenciones… y de parecidos razonables.
No, conocer una lengua a nivel conversacional o haberla estudiado unos meses no basta para traducir literatura.
Sí, traducir literatura exige una competencia lingüística, cultural y literaria profunda, además de un saber hacer y una deontología.
No, traducir de cinco, seis o siete lenguas no es, por sí mismo, un mérito.
Sí, valoramos mucho más el conocimiento profundo de una tradición literaria que la acumulación de lenguas de trabajo.
No, una traducción literal no es siempre una traducción fiel.
Sí, la fidelidad consiste en trasladar la obra, no en calcarla. Defendemos un español literario, natural y preciso que preserve la voz del autor sin copiar de manera mecánica las estructuras del original.
No, traducir literatura no consiste solo en trasladar el argumento de una obra.
Sí, traducir literatura significa trasladar también su estilo, su ritmo, su humor, sus silencios, sus ambigüedades y su universo cultural.
No, los adverbios en -mente no son inevitables.
Sí, el español ofrece numerosos recursos expresivos. Un buen traductor sabe cuándo un -mente es la mejor opción… y cuándo conviene buscar otra solución.
Si compartes esta manera de entender la traducción y quieres sumarte al manifiesto, puedes hacernos llegar tu firma al correo electrónico latortugabulgaraediciones@gmail.com
